Balada a la luna

Poema de Alfred De Musset Colección Primeras poesíasTemas Naturaleza, TristezaÉpoca Siglo XIX

Era, en la noche oscura,
sobre el campanario amarillento,
la luna
como un punto sobre una i.

Luna, ¿qué espíritu sombrío
pasea al cabo de un hilo,
en la sombra,
tu faz y tu perfil?

¿Eres el ojo del cielo tuerto?
¿Qué querubín hipócrita
nos mira de soslayo
bajo tu máscara lívida?

¿No eres más que una bola,
una gran araña bien gorda
que rueda
sin patas y sin brazos?

¿Eres, lo sospecho,
el viejo cuadrante de hierro
que da
la hora a los condenados del infierno?

En tu frente que viaja,
esta noche ¿han contado
qué edad
tiene su eternidad?

¿Es un gusano que te roe
cuando tu disco ennegrecido
se alarga
en menguante encogido?

¿Quién te había sacado un ojo,
la otra noche? ¿Te habías
golpeado
con algún árbol puntiagudo?

Pues viniste, pálida y taciturna,
a pegar en mis cristales
tu cuerno
a través de los barrotes.

Anda, luna moribunda,
el bello cuerpo de Febe
la rubia
en el mar ha caído.

Tú no eres más que su rostro
y ya, todo arrugado,
se borra
tu frente desposeída.

Devuélvenos a la cazadora,
blanca, de virginal seno,
que acosa
algún ciervo matutino.

¡Oh! bajo el verde plátano,
bajo los frescos avellanos,
Diana,
y sus grandes lebreles.

El cabrito negro que duda,
colgado de una roca,
la escucha,
la escucha acercarse.

Y, siguiendo sus correrías,
por los valles, por los trigos,
por las praderas,
sus perros se han marchado.

¡Oh! por la tarde, en la brisa,
Febe, hermana de Apolo,
sorprendida
en la sombra, con un pie en el agua.

Febe que, cerrada la noche,
en los labios de un pastor
se posa,
como un pájaro ligero.

Luna, en nuestra memoria,
de tus bellos amores
la historia
te embellecerá siempre.

Y siempre rejuvenecida,
serás del transeúnte
bendecida,
luna llena o creciente.

Te amará el viejo pastor,
solo, mientras a tu frente
de alabastro
sus dogos ladrarán.

Te amará el piloto
en su gran navío,
que flota
¡bajo el claro firmamento!

Y la muchacha ligera
que pasa el matorral,
con pie ágil,
cantando su canción.

Como un oso encadenado,
siempre bajo tus ojos azules
se arrastra
el océano montuoso.

Y ya sople o nieve,
yo mismo, cada tarde,
¿qué hago,
viniendo aquí a sentarme?

Vengo a ver al anochecer,
sobre el campanario amarillento,
la luna
como un punto sobre una i.

Quizá cuando desentona
algún pobre marido,
malvada,
de lejos le sonríes.

En su dolor amargo,
cuando al yerno bendito
la madre
entrega la llave del nido,

con el pie en su pantufla,
he aquí al esposo dispuesto
que sopla
la palmatoria indiscreta.

Al pudoroso himeneo
la virgen que se cree
llevada,
tirita en su lecho frío,

pero el señor todo en llamas
comienza a maltratar
a la señora,
que comienza a gritar.

«¡Uf!, dice él, yo trabajo,
querida, y no hago nada
que valga;
tú no te mantienes bien.»

Y rápido se da prisa.
Pero ¿qué demonio oculto
le impide
cometer un pecado?

«¡Ah!, dice él, tengamos cuidado.
Qué testigo curioso
mira
con esos dos grandes ojos.»

Y es, en la noche oscura,
sobre su campanario amarillento,
la luna
como un punto sobre una i.

Alfred De Musset

Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.

Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/poema-balada-a-la-luna-alfred-de-musset/