Visión

Poema de Alfred De Musset Colección Las poesías póstumasÉpoca Siglo XIX

Vi primero sobre mí fantasmas extraños
arrastrar largos ropajes;
¡no sé si eran mujeres o ángeles!
Sus mantos me inundaban con sus bellos flecos
de nácar y de rubíes.

Como se rompe una armadura con el filo de una hoja,
como un audaz marinero
rompe el golfo azul que se abre bajo su remo,
así sus vestidos de oro, en grandes surcos de llama,
¡rompían la noche de bronce!

¡Volaban! – Mi cortina, viejo espectro centinela,
los miraba pasar.
En sus ojos de terciopelo estallaba su pupila;
oía susurrar las plumas de su ala,
que venían a rozarme.

¡Volaban! – Pero la tropa, suspendida en los artesonados,
espíritus caprichosos,
saltaba de pronto, y luego, de pronto perdida,
huía en la noche, como una flecha erguida
¡que huye por los cielos!

¡Volaban! – Veía su negra cabellera,
donde el ébano en arroyos
lloraba, acariciarme con su largo roce;
mientras de un beso sentía la quemadura
¡hasta el fondo de mis huesos!

¡Dios todopoderoso! ¡He visto las sílfides medrosas
que mueren al sol!
¡He visto los bellos pies desnudos de las ninfas fugitivas!
¡He visto los senos ardientes de las dríades esquivas,
con muslos de bermellón!

Nada, no, nada valía aquel beso de ambrosía,
¡más fresco que la mañana!
¡Más puro que la mirada de un ojo de Andalucía!
¡Más dulce que el hablar de una mujer de Asia,
con labios de satén!

¡Oh! quienesquiera que seáis, sobre mi cabeza inclinadas,
¡sombras de cuerpos flotantes!
dejad, ¡oh! dejadme teneros enlazadas,
beber en vuestros besos amores insensatos,
¡gota a gota y largo tiempo!

¡Oh! ¡venid! pondremos en el tálamo sedoso
una lámpara de plata.
¡Venid! ¡la noche es triste y la lámpara alegre!
Rubia o morena, venid; indolente o risueña,
¡corazón ingenuo o mudable!

¡Venid! verteremos rosas en mi lecho;
¡pues los perfumes son dulces!
Y la sultana, al anochecer, se perfuma la boca;
¡cuando va a dejar su vestido y su babucha
por su lecho de bambúes!

¡Ay! de bellas noches el cielo nos es avaro
tanto como de bellos días.
¿Oís gemir el arpa de Ferrara,
y bajo dedos divinos palpitar la guitarra?
¡Venid, oh, amores míos!

Pero nada queda ya sino la sombra fría y desnuda,
donde crujen los tabiques.
Oigo aullar cantos, como un niño al que matan;
y la luna en creciente recorta, en la calle,
los ángulos de las casas.

Alfred De Musset

Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.

Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/poema-vision-alfred-de-musset/