El genio

Poema de Alphonse De Lamartine Colección Meditaciones poéticasÉpoca Siglo XIX

(A M. de Bonald)

Así, cuando entre las tempestades,
en la cima ardiente del Sinaí,
antaño el más grande de los profetas
grababa las tablas de Judá;
durante aquel coloquio sublime,
una nube cubría la cumbre
del monte inaccesible a los ojos,
y, temblando a los golpes del trueno,
Judá, postrado en el polvo,
vio descender sus leyes de los cielos.

Así, de los sofistas célebres
disipando las falsas claridades,
tú sacas del seno de las tinieblas
deslumbrantes verdades.
El velo que de las primeras leyes
cubría los augustos misterios,
se rasga y cae a tu voz;
y sigues tu ruta segura,
hasta esa fuente sagrada
de donde el mundo sacó sus leyes.

Sentado sobre la base inmutable
de la eterna verdad,
ves con ojo inalterable
las fases de la humanidad.
Sacudidos de sus antiguos goznes,
los imperios, las repúblicas
se derrumban en dispersos escombros;
te ríes de los terrores en que estamos:
dondequiera que vemos a los hombres,
¡un Dios se muestra a tus miradas!

En vano por algún falso sistema
un sistema falso es destruido;
del desorden al orden mismo
es conducido el universo moral.
Y como en torno a un astro único,
la tierra, en su órbita oblicua,
describe su ruta por los aires;
así, por una ley más bella,
así la justicia eterna
¡es el eje del universo!

¡Pero qué! mientras el genio
te arrebata tan lejos de nuestros ojos,
¡las cobardes clamores de la envidia
te siguen hasta en los cielos!
Cree en mí, desdeña bajar de ellos;
no te rebajes para escuchar
esos zumbidos detractores.
Prosigue tu sublime carrera,
prosigue; el desprecio del vulgo
es el patrimonio de los grandes corazones.

Objeto de sus frívolos amores,
¿no le has visto ya, a su vez,
forjarse ídolos frágiles
que adora y rompe en un día?
¿No has visto su inconstancia
de la herencia de la creencia
apagar los sagrados fulgores?
¿Quemar lo que adoraban sus padres,
y dar el nombre de luces
a la espesa noche de las tumbas?

Sacudiendo sus antiguas riendas,
pero halagado por otros tiranos,
todo magullado por el peso de sus cadenas,
¿le oyes gritar: Libertad?
En sus sacrílegos caprichos,
¿le ves, dando a sus vicios
los nombres de todas las virtudes;
arrastrar a Sócrates a las geemonias,
para hacer, en templos impíos,
la apoteosis de Anitos?

Si para acariciar su flaqueza,
bajo tus pinceles aduladores,
adornas con el nombre de sabiduría
las lecciones de sus corruptores,
verías sus manos envilecidas,
arrancando palmas marchitas
de alguna frente deshonrada,
derramarlas sobre tu paso.
¡Y, cambiando la gloria en ultraje,
o frecerte un triunfo aborrecido!

Pero lejos de abandonar la lid
donde tu juventud combatió,
sabes que la estima del vicio
es un ultraje a la virtud.
Te honras de tanto odio,
te apiadas de esos corazones débiles que arrastra
el curso de su siglo extraviado;
y solo contra la ola rápida,
caminas con paso intrépido
¡hacia la meta que la gloria señaló!

Tal un torrente, hijo de la tormenta,
rodando de la cumbre de los montes,
si encuentra en su paso
un roble, el orgullo de los valles;
se irrita, hace espuma, brama,
oprime con los pliegues de su onda
el árbol en vano amenazado;
pero en pie entre las ruinas,
el roble de profundas raíces
permanece; ¡y el río ha pasado!

Tú, pues, de los desprecios de tu edad
sin quedar jamás desalentado,
¡retempla tu viril coraje
en las olas de la adversidad!
Para esta lucha que se acaba,
que la verdad sea tu espada,
la justicia tu escudo.
¡Ve! desdeña otras armaduras;
y si recibes heridas,
¡las cubriremos de laurel!

¿Ves en la antigua carrera,
en torno a los corceles y a los carros,
brotar el polvo olímpico
que los sustrae a nuestras miradas?
Así en su curso el genio,
por las nubes de la envidia
marcha largo tiempo envuelto;
pero al término de la carrera,
de las olas del indigno polvo
sale vencedor y coronado.

Alphonse de Lamartine

Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.

Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/poema-el-genio-alphonse-de-lamartine/