En Granville, en 1836

Poema de Victor Hugo Colección Las contemplacionesTemas NaturalezaÉpoca Siglo XIX

He aquí junio. El gorrión escarnece
en los campos a los enamorados;
el ruiseñor de muralla
canta en su nido pedregoso.

Las hierbas y las ramas,
llenas de suspiros y ladridos,
hacen encantadores balbuceos
en la profundidad de los bosques.

El zorzal y la tórtola
prolongan, en los nidos sordos,
la deliciosa querella
de los besos y los amores.

Bajo las parras de la llanura,
en la cueva donde verdece el mimbre,
Virgilio embriaga a Sileno,
y Rabelais a Grandgousier.

¡Oh Virgilio, escancia de beber!
¡Escancia de beber, oh Rabelais!
¡El bosque es una gloria;
la caverna es un palacio!

No hay lago ni isla
que no nos prenda en la liga,
que no improvise una idilio,
o que no cante un dúo.

Pues el amor caza en los bosquecillos,
y el amor pesca en los arroyos,
pues las bellas son las jaulas
cuyos pájaros son nuestros corazones.
De la fuente, su palangana,
la flor, haciendo su espejo,
dice: -Buenos días-, a la curruca,
y dice al búho: -Buenas noches.-

El techo espera la gavilla,
pan primero y paja después;
la grupa del buey en la hierba
parece un monte en las forestas.

El estanque ríe a la malvasía,
el prado ríe a la oropéndola,
mientras que la rodada hueca
retumba con el pesado carro.

El oro florece en alhelí;
el antiguo céfiro fabuloso
sopla con su mejilla hinchada
en el fondo de las nubes azules.

Jersey, sobre la onda dócil,
se drapea con un bello cielo puro,
y toma aires de Sicilia
en un gran harapo de azul.

En todas partes la égloga está escrita:
incluso en la fría Albión,
el aire está lleno de Teócrito,
el viento se sabe de memoria a Bión,

y repite, melancólico,
la canción que tarareó
Mosco, grillo bucólico
de la chimenea Etna.

El invierno tose, viejo tísico,
y se va; la bruma se funde;
las olas hacen la música
de los versos que hacen los árboles.

Toda la naturaleza sombría
vierte un misterioso día;
el alma que sueña tiene más sombra
y la flor tiene más amor.

La hierba estalla en margaritas;
los perfumes, que se creen mudos,
cuentan las penas secretas
de las campanillas a los acianos.

Las pequeñas alas blancas
sobre las aguas y los surcos
se abaten en avalanchas;
nieva de mariposas.

Y sobre el mar, que refleja
el alba de sonrisa esmaltada,
el brezo violeta
pone al viejo monte una esclavina;

a fin de que pueda, al abismo
que contiene y que bendice,
decir su misa sublime
bajo su mitra de granito.

Victor Hugo

Traducción generada por Poésies 123 con la asistencia del modelo de inteligencia artificial deepseek-chat.

Texto publicado en Poésies 123: https://www.poesies123.com/es/poema-a-granville-en-1836-victor-hugo/